Robsten en Cannes

Trilogía: Isabella y Edward (Terminada)

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Leningrado, 1941: la guerra parece lejana en esta ciudad de antigua grandeza, donde espléndidos palacios y avenidas señoriales hablan de otra época, cuando la ciudad era conocida como San Petersburgo.

Dos hermanas Isabella y Renata Swan, comparten un minúsculo apartamento con su familia. La vida es dura, pero todavía hay cabida para soñar y amar. Todo cambia cuando un comunicado de la radio informa que Alemania ha invadido la URSS. Ese día Isabella conoce a Edward, un joven oficial del Ejército Rojo de misterioso y turbulento pasado.

Isabella siente que se embarca en un camino de amor tortuoso, de sacrificio y negación, pues Renata también está enamorada de Edward. Cuando el ejército alemán bloquea la ciudad en el duro invierno, los amantes se encontrarán atrapados en los vaivenes de la historia, y deberán entablar una indómita lucha para realizar su amor y lograr la libertad.

Libro 1:

Leningrado

Primera parte:

El CREPÚSCULO LUMINOSO

Campo de Marte 1, 2

Corrientes desconocidas 1, 2, 3, 4, 5, 6

Humo y trueno 1, 2, 3

Empalado en el espacio 1, 2, 3, 4

Segunda parte:

EL FEROZ ABRAZO DEL INVIERNO

El asedio 1, 2, 3,

Cae la noche 1, 2, 3

La Ciudad de Pedro, a oscuras 1, 2, 3

La fortaleza derrumbada 1, 2

A través de aquel formidable mar 1, 2

Tercera parte:

LAZAREVO

El olor de la primavera 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12

Olas atormentadas 1

Cuarta parte:

EL ABIERTO DESAFIÓ

Torturada por el terror y las dudas 1, 2, 3, 4, 5, 6

Una ventana a Occidente

Batallas legendarias 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7

En el pálido resplandor de la luna 1, 2, 3

Libro 2:

Isabella y Edward

Isabella, embarazada y viuda a sus dieciocho años, huye de un Leningrado en ruinas para empezar una nueva vida en Estados Unidos. Pero los fantasmas del pasado no descansan: todavía cree que Edward, su marido y comandante del Ejército Rojo, está vivo. Entre tanto, en la Unión Soviética Edward se salva en el último momento de una ejecución.

Prologo

Primera parte:

EL SEGUNDO ESTADOS UNIDOS...

Capitulo 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19

Segunda parte:

EL PUENTE DE SANTA CRUZ

Capitulo 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35

Tercera parte:

EDWARD

Capitulo 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43

Epilogo

Libro 3:

Una vida juntos

Milagrosamente reunidos en América junto a su hijo Anthony, Isabella y Edward afrontan su nueva vida en la que promete ser una tierra de libertad y oportunidades. Sin embargo, el peso de la guerra y de los años de separación, y la presión de un entorno a menudo hostil con los recién llegados, pondrán a prueba un amor que hasta ahora ha demostrado ser inquebrantable.

Primera parte:

LA TIERRA DEL LUPINO Y EL LOTO

Capitulo 1, 1.2, 1.3, 1.4, 1.5, 1.6

Capitulo 2, 2.2, 2.3, 2.4

Capitulo 3, 3.2, 3.3

Capitulo 4, 4.2

Capitulo 5, 5.2

Capitulo 6, 6.2

Primer interludio:

Parte I, II, III

Segunda Parte:

ÍTACA

Capitulo 7, 7.2

Capitulo 8, 8.2, 8.3, 8.4, 8.5, 8.6, 8.7, 8.8

Segundo interludio:

Parte I, II, III

Tercera Parte:

DISCORDIA

Capitulo 9, 9.2, 9.3

Capitulo 10, 10.2, 10.3

Capitulo 11, 11.2, 11.3, 11.4, 11.5

Capitulo 12, 12.2, 12.3, 12.4

Capitulo 13

Cuarta Parte:

BREE

Capitulo 14, 14.2, 14.3

Capitulo 15, 15.2, 15.3

Capitulo 16, 16.2, 16.3, 16.4, 16.5, 16.6, 16.7, 16.8

Capitulo 17

Capitulo 18

Epilogo, 2da Parte, FIN

La dama y el golfista Capitulo 13

23 febrero, 2012

—¡Edward!...   
 Los sentidos velados de Bella le hacían difícil hablar,  pero se concentró en formar las palabras porque la comunicación honesta entre compañeros sexuales era sumamente importante, y él tenía que entender que ella tenía necesidades.
 —Mi bata... —trago con dificultad—. Quítamela. Sácala de mi... 
 La punta de su lengua descubrió un punto de pulso en el lado de su cuello, y ella gimió. Pasaron largos momentos antes de que ella pudiera concentrarse de nuevo en sus pensamientos. 
  —No ... no solamente ahí —gimió— Tócame... mis... quítame la ropa y toca mi.... 
  Él retrocedió y la miró con el ceño fruncido. Su boca estaba hinchada como la suya y sus ojos inundados de pasión le recordaron verdes de azúcar de mirada ausente.
  —¿Te pasa algo? 
Ella destensó su mandíbula, cogió aliento, y sonrió para que él entendiera que ella no le criticaba, simplemente le proporcionaba alguna dirección muy necesaria.
  —¿Podríamos hacerlo más rápido? 
—¿Hacerlo... más ... rápido? —cada palabra salía como una bala.
—Uhm. 
—¿Quieres que me mueva más rápido...o que te toque todo?  
—Si no te importa. 
—¿Acaso tienes prisa? 
—Algo.  
 —¿No me digas que tienes lista de prioridades para esto también? 
 —No una lista. No, desde luego que no. Es solamente que estoy ... bien... Estoy segura que estarás contento de saber que ya estoy excitada, y creo que podemos seguir adelante a... pues a la siguiente parte. La parte buena. 
  Él arqueó una ceja.
  —¿Esta parte no está bien? 
  Ella comprendió que le había ofendido, y se apresuró a apaciguarlo.
—Desde luego que está bien. Es maravilloso. Realmente, Edward, eres el besador más extraordinario, pero también eres un poco lento y...  —su expresión comenzaba a ponerse siniestra—. Lo estoy pasando bien. De verdad. Pero necesitamos llegar a otra parte —su voz vaciló un poco—. ¿ No crees? 
 Él giró en la cama y refunfuñó,
 —Debería haber esperado esto. No sé por qué me sorprendo  —para su consternación, él se levantó de la cama, sólo para quedarse de pie y señalar con un dedo en dirección a su cara—. Ahora escúchame, Bella, porque sólo voy a decir esto una vez. Desde ahora hasta que salgamos de la ducha y nos sequemos, soy el responsable. ¿Me oyes? 
—Pero...
—¿Y sabes por qué? ¡Porque el experto soy yo, no tú! 
Eso la contrarió. 
 —Nunca dije que lo fuera. 
 —¿Entonces por qué das órdenes? —preguntó él con exagerada paciencia.
 —Simplemente pensé... 
 —¡Nada de pensamientos! —su juego de mandíbula era una línea obstinada, y él descansó su mano contra la columna de la cama—. Ahora, este es el modo que lo haremos. Vamos a practicar un poco de dominación sexual llamada sumisión. ¡Yo domino y tú te rindes! Y esto significa, en caso de que no esté siendo claro, es que tú no puedes emitir una sola orden. Ni una. Puedes gemir. Me gustan los gemidos. Puedes suspirar. También me gustan. Pero nada de órdenes. Y solamente cuando terminemos podrás hablar. Eso sí, únicamente una palabra.   Gracias.   

Ella debería haberse sentido insultada  — se sentía insultada — pero al mismo tiempo, un impulso de reírse había venido sobre ella. Él era tan increíblemente arrogante. Y también tenía razón. A veces era demasiado mandona.
 Él siguió frunciendo el ceño. 
 —Entonces, lo tienes claro, ¿o tengo que buscar la cuerda de tendedero que compraste anoche? 
 Simplemente por ser descarada, ella agitó una mano perezosa hacia la esquina del cuarto donde había dejado la bolsa de sus compras. 
 Sus ojos se estrecharon.
 Ella lo miró remilgadamente.
—También puede que necesite algo más de lo que compré, aunque seguramente no la crema hidratante.  
 —Puedes tener la maldita seguridad. 
 Mientras ella empezaba a sentirse satisfecha por no derrumbarse ante su palpitación en el pecho, se alarmó de que él pudiera hacerla caso. Cuando él se dirigió hacía el lugar de la habitación donde estaba la bolsa, ella se incorporó en la cama. 
  —¡Edward, estaba de broma! Sobre la cuerda. 
  —Uh-huh. 
 —Realmente no creo que pueda soportar que me aten. 
 —Más tarde. Cuando hayas cogido más experiencia. 
 Él se dio la vuelta y ella vio que él tenía dos cajas de condones en su mano.
Su expresión la desafiaba a hacerle preguntas cuando se acercó a ella, luego los dejó caer ruidosamente encima de la mesita de noche. 
 Ella tragó.
 Un destello siniestro brilló en sus ojos.
 —¿Tienes algo que decir? 
 Ella negó con la cabeza. Mientras ella teóricamente era contraria a cualquier tipo de dominación masculina, en este caso definitivamente la excitaba. 
 —Bueno —se quitó los zapatos, y los empujó con la punta del pie mientras la miraba de una forma que ella sólo podía describir como ardiente sin llama—. Ahora, ¿dónde estaba yo? Me has trastornado con tanta orden y he olvidado por dónde iba —se sentó sobre el borde de la cama y comenzó a jugar con el dobladillo de su bata mientras pensaba. Sus dedos acariciaron su tobillo, entonces despacio deslizó el dobladillo hacia arriba hasta destapar sus rodillas. 
Ella contuvo el aliento y comprendió que él había entendido después de todo.
 Él hizo un círculo despacio en la piel suave de detrás de su rodilla, luego la otra, luego un lento número ocho con la punta de su uña, luego una coma.
 Ah, mi... Ella separó las rodillas, silenciosamente alentándole que siguiera con su escritura táctil por una superficie más grande.
 Bruscamente, él se retiró y suspiró.
 —Por aquí no iba. Sé cuánto te gusta esto, así que supongo que es mejor empezar de nuevo. 
Ella gimoteó. No podía ayudarle.
Las esquinas de su boca se movieron con satisfacción.
 Y luego él comenzó por todas partes.... Besos más profundos, perezosos; dándole ligeros toques con la lengua; descubriendo zonas erógenas que no sabía que tuviera. Incluso su horrible tatuaje no quedó sin su atención. Se sintió como si pasaran décadas antes de que él finalmente abriera su bata y tocara su pezón con la punta de la lengua. Su pecho subía y bajaba y su camisa estaba húmeda bajo sus manos, pero él todavía no se desnudaba. Ella oyó su aliento caliente, sentía como flaqueaba su autocontrol y se preguntó cuando se rompería. Esperar... 
 Le siguió lamiendo el pezón con la lengua. Su cabeza se movía de lado a lado y su cuerpo se arqueaba sobre la cama. Estaba sudada y mojada, sedosa y palpitante. Ella quería más. Sus pensamientos eran incorpóreos mientras se asomaba al borde de un enorme precipicio. Él abrió la boca sobre el pezón endurecido. Succionando con fuerza. Dos veces. Tres veces. Más.
Con un grito, ella se disolvió. Él se puso rígido. La abrazó, sosteniéndola contra su pecho hasta que ella dejó de temblar.
Con cuidado, él la colocó de espaldas en la cama y le retiró un mechón de pelo que se había caído en su cara. 
—¿Esto es lo que querías? —susurró él. 
Ella tragó aire. Asintiendo. Las lágrimas se asomaron a sus ojos.
—¡Trataba de decírtelo, pero no me prestabas atención! 
 En vez de sentirse contrariado, su boca se curvó en una sonrisa llena del placer.
—Mi dulce Lady Isabella. Eres realmente especial. 
—Espero que estés satisfecho —masculló ella, aún aturdida.
 —Todavía no —sin ninguna advertencia, él apartó su bata y deslizó la mano entre sus muslos separados. Ella jadeó cuando él abrió los pliegues aumentados, y con cuidado insertó un dedo profundamente dentro de ella.
 —Todavía no —susurró él otra vez.
 Su aliento era un silbido diminuto. Mirándola atentamente, él deslizó su dedo hacia fuera, y otra vez dentro. Débilmente, ella lo miró y le vio la cara enrojecida, y notó las cuerdas de tensión en el lado de su cuello. Sentía su dedo profundamente dentro.
 Ella dio un grito estrangulado y se convulsionó.
 Una vez más él la sostuvo, luego la acercó a su pecho y le acarició la mejilla con sus labios. 
 —Debo ser el hombre más afortunado del mundo. 
 Mientras ella recuperaba el aliento, él se levantó y se quitó su ropa, y cuando le volvió a mirar, ya estaba desnudo. Señor, era hermoso, de carne tensa y músculo acerado. Ella se quedó con la mirada fija. Mirándolo. Se incorporó y se sentó sobre sus talones. Él se acercó. Ella se echó hacía adelante, inclinó la cabeza, y lamió su vientre. 
Esta vez fue él quien gimió. Le dio un pequeño mordisco en el músculo firme que corría en diagonal a través de un lado de su abdomen, poniendo los dedos encima de su muslo interior, hocicó por su ingle. Ella estaba preparada para jugar.
 Sus palabras estranguladas la convencieron que eso no pasaría. 
 —Dime que no voy tener que atarte. 
Ella vaciló sólo durante un momento antes de echarse para atrás, extendió los brazos hasta que sus manos tocaron el cabecero, y se rió.
—No hay necesidad. 
Ella no podía imaginarse por qué confiaba en él tanto o por qué estaba dispuesta a acatar sus ridículas reglas. Sólo sabía que se sentía a salvo.
Protegida... a pesar de dos increíbles y excitantes orgasmos. Él se sentó sobre la cama, cogió las rodillas con las palmas de sus manos, y las separó suavemente. Entonces  se arrodilló entre ellas y miró hacia abajo, ella se sintió abierta, brillante e inflamada.
—Eres tan hermosa —dijo él. 
Mientras él la observaba, ella se concentró en admirar su cuerpo. Increíble. Mármol y acero. Ella anhelaba tocarlo... extendió la mano. 
Él sacudió su cabeza
—Esta vez no, nena. Por favor. No tengo tanto autocontrol. Y esto tiene que ser perfecto para ti —le terminó de quitar la bata y renovó su sensual ataque. 
 Caricias profundas, perezosas.
 La yema de un dedo. Un lamido. Mordisco. Mordisco. Mordisco. Mordisco. Mordisco.
 Y luego... Sloooow... lapppp ... con su lengua.
 ¡Era demasiado!
 Él rió cuando ella gritó otra vez. 
 —El hombre más afortunado del mundo —repitió él. 
Él agarró rápidamente una caja de la mesita de noche y pronto se colocó sobre ella, pellizcándole su labio hinchado con otro beso abrasador y comenzando a entrar dentro de ella.
 A pesar de todo, no pasó cómodamente.
 —Tómame lentamente, amor. 
 Disfrutando de la sensación de su peso sobre ella, se agarró a sus húmedos hombros y arqueó sus caderas.
 Él gimió.
—Por favor... nena... no trates de mandar ahora.  
—Pero yo necesito... 
—Lo sé. Lo sé. 
Ella sólo tenía una parte de él. Y quería más.
—Fácil ... fácil...  —él canturreaba, y ella no sabía qué. Tampoco le preocupaba. Sólo sabía que ella volaba más alto y más alto.... Sollozó cuando llegó otro clímax. 
Y luego lo tenía entero dentro, y no había terminado, acababa de empezar.
Embestidas largas y profundas. Ojos verdes de medianoche. Las manos unidas sobre la almohada. Su peso sobre ella. Dentro de ella. Penetración. Bombeo. Sensaciones y olor de éste hombre. 
 Otro clímax. Otra espiral. Años... décadas ... siglos... Frenesí caliente. 
 Y ... mucho más tarde ... el regreso.
 Gracias.   

Bella salió del cuarto de baño en bata y con la piel sensible de la ducha. 
Se estremeció cuando se movió demasiado rápido hacia el aparador para sacar su ropa interior. Edward bizqueó contra la luz de la mañana y sonrió abiertamente desde su cama tremendamente deshecha.
—Te dije la última vez que ya era demasiado, pero ¿me escuchaste? No, claro que no. Siempre crees que lo sabes todo  —trató de contar cuántos orgasmos explosivos había experimentado durante la noche, pero había perdido la cuenta—. Y no podía resistirme. Estaba enloquecida. 
—¿Sí?  
—Tú también, así qué no parezcas tan satisfecho contigo mismo. 
—Por supuesto. Por fin he conseguido que canalices toda tu energía en la dirección correcta.
Él retiró la sabana y salió de la cama, olvidado al hecho que estaba desnudo.
Mientras sacaba su ropa interior del cajón, disfrutó de la visión de ese cuerpo impresionante. Su sedoso pelo cobrizo, y descubrió una señal roja sobre su espalda, así como los principios de un chupetón en el lado de su cuello. Más bien le gustaba el hecho de haber puesto esas lujuriosas marcas en un macho tan imposiblemente magnífico. Él comenzó a recuperar su ropa del suelo. 

—Esme ha llamado mientras estabas en el cuarto de baño. Tiene una reunión, y Luisa tiene cita con el médico, de modo que me ha pedido si puedo quedarme con Henry durante unas horas esta mañana. Sé que te dije que el día era tuyo, pero, ¿te importaría posponer el viaje a Austin hasta esta tarde? 
—Por supuesto que no. 
—Me gustaría practicar un poco primero. Tal vez puedas entretenerte leyendo algo mientras tanto. ¿Puedes estar lista en media hora? 
Cuando ella asintió, él colocó su ropa sobre su brazo y, todavía desnudo, abandonó su dormitorio.
 Segundos más tarde, Seth chilló en el vestíbulo. 
 —Adviérteme la próxima vez, ¿de acuerdo Edward? No tengo mis sales aromáticas. 
Edward se rió y luego oyó el sonido de su puerta cerrarse. 
Ella suspiró mientras abría el armario. Habría sido agradable  si él la hubiera besado antes de marcharse. 
Realmente era un besador excepcional. Y un maravilloso amante.
Considerado, desinteresado, comprometido, y tan hermoso desnudo que ella quería gritar. En realidad,  pensó que le encantaría gritar.  Pero no porque él fuera hermoso desnudo.
Se sentó en la silla y se mordió el labio inferior. Faltaba un poco más de una semana para marcharse y se tenía que recordar que Edward Cullen era para emociones, para el escándalo, hasta para recuerdos, pero no para siempre.
Independientemente de lo que anoche le hubiera dicho, esto era simplemente el desvío más diminuto sobre la gran cancha de golf de su vida. Él había compartido su cuerpo, pero nada de lo que él era, y, en el futuro, si él la recordaba, sólo sería porque ella fue diferente de sus otras conquistas sexuales. 
Pero ella nunca lo olvidaría. Se llevaría los recuerdos de esta noche a la tumba, y sabía que no serían los orgasmos lo que recordaría, sino la intimidad, el sentimiento de conexión. Dormir con alguien, siendo sostenida tan tiernamente en sus brazos, y oyendo su corazón latir. Y haber fingido, durante algunos momentos, que estaba unida a alguien. 
Miró fijamente por la ventana y pensó lo fácilmente que algunas personas conseguían sus sueños. Pero no ella. Tanto como podía recordar, su vida había sido una serie de sueños rotos. Recordaba cuando sólo tenía seis años y miraba desde su casa como sus padres se marchaban ocho meses a África. Ellos la habían querido, pero no tanto como habían amado su trabajo.
Ella había tratado de atarse a asistentas sociales y profesores. Algunos la habían querido bastante, pero ellos tenían sus propios hijos, o encontraron otros empleos y la dejaban. Sólo St. Gert nunca había cambiado. Sólido, consolador, siempre allí. La vieja dama había estado junto a ella durante los días tras la muerte de sus padres, las largas vacaciones cuando ella era la única alumna que no dejaba la escuela, y más tarde como maestra cuidando de otras niñas. St. Gert era lo único sólido en su vida. 
Pero no por mucho tiempo más, dentro de poco se vería obligada a salir de ese amado montón de ladrillos. Y entonces, ya no habría ningún lugar en el mundo al que pudiera llamar casa. 
Estaba tentaba a permitirse unos pocos momentos de autocompasión, pero no lo haría. No importa dónde la llevara su nueva vida, siempre tendría la satisfacción de haber contribuido a que la escuela siguiera proporcionando un refugio para otras chicas solitarias. Y, por ahora, no pensaría más allá del presente. Por unos pocos días más, atesoraría cada instante de esta experiencia, de esta obsesión física por un hombre que no era para ella. 


Capitulo 14

11 comentarios:

  1. Ufff pues asta que se les iso jeje ahora deseguro bienen los problemas

    ResponderSuprimir
  2. Mujer AFORTUNADA esta BELLA....quien no suspira por un hombre como este EDWARD.

    ResponderSuprimir
  3. Pues si hasta que se les hizo, pero sin duda Bella va a terminar enamoradisima aunque tal vez con el corazon roto y edward tambien pero no le sera facil de reconocerlo!!

    ResponderSuprimir
  4. pobre bella, pero no te apures nena te quedaras con ese viejote jajajaj

    ResponderSuprimir
  5. caliente, caliente, ahora cual de los dos está más perdido???

    ResponderSuprimir
  6. me encanto que por fin hicieran el amor por que eso fue aunque no quieran reconocer lo que sienten espero que no pase mucho tiempo antes de que se de cuenta

    ResponderSuprimir
  7. mm me encsntooo y si estuvieronn juntosss por finnnn!! ajja! fue magnificooo!!! haber que pasa ahoraaa!!!

    ResponderSuprimir

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